jueves, 9 de noviembre de 2017

GUADALAJARA Y LOS INICIOS DE LA REFORMA PROTESTANTE ESPAÑOLA

Palacio del Infantado, Guadalajara

Recientemente tenía la oportunidad de pasear de nuevo, con mi esposa y algunos amigos, por los alrededores del imponente Palacio del Infantado de Guadalajara. Me encontraba en la capital alcarreña para participar en unas Jornadas sobre la Reforma Protestante organizadas por Fedegu. En un año en el que se recuerda la Reforma en todas partes, no podía faltar un acto como este en Guadalajara. La razón es obvia: es precisamente entre los muros de este gran edificio, donde se desarrolló el movimiento alumbrado español, también conocido como los dejados. Es aquí donde podemos rastrear los orígenes de un incipiente protestantismo español. 
Es entre los miembros de la casa del III Duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza de la Vega y Luna (1461-1531) donde prende la llama de esta corriente espiritual. Algunos aseguran que hasta el mismísimo Duque estuvo implicado. Resulta por ello emocionante entrar en las estancias del Palacio, en las que hace ya cinco siglos la Palabra de Dios encontró arraigo en tantos corazones. Y es que la consideración de los alumbrados como una forma embrionaria y autóctona de protestantismo hispano, se debe al hecho de que el movimiento se caracterizó principalmente por un retorno a las Escrituras como norma suprema de fe y conducta. Es la misma Inquisición la que nos informa de que la peligrosidad de este grupo radicaba en que eran lectores de la Biblia. Y es que, a principios del siglo XVI, circulaban entonces en España, entre otros libros religiosos, algunas porciones bíblicas en castellano. Por ejemplo, una obra conocida como La Vida de Cristo que era una refundición de los cuatro evangelios en lengua vulgar y que fue publicada en Alcalá en 1502, así como otro libro titulado Epístolas y Evangelios por todo el año con sus doctrinas y sermones  y que apareció en 1512. Ambas publicaciones vieron la luz a instancias del asombroso, controvertido y contradictorio cardenal Cisneros, del que, por cierto, también recordamos ahora los quinientos años de su muerte. No puede sorprendernos que algunos de los Mendoza apreciaran la Biblia. Tenían ya por entonces una larga relación con la Orden de los Jerónimos que en España buscó también seguir los pasos de su fundador, San Jerónimo, y dedicarse como él hizo, a la traducción y estudio del texto bíblico. Por otro lado, es también notable la protección que la Orden brindó a los judeoconversos. Curiosamente, muchos de los empleados del Duque lo eran. Empezando por Isabel de la Cruz, una de las iniciadoras del movimiento alumbrado, y que fue perseguida por la Inquisición.  Esta mujer era admirada por su conocimiento de las Escrituras y por la calidad de sus exposiciones bíblicas. También lo era María de Cazalla, que fue torturada por la Inquisición. Por supuesto lo era Pedro Ruiz de Alcaraz, que había nacido en Guadalajara en 1480, y que, posteriormente como empleado del Marques de Villena, extendió las ideas alumbradas en el Castillo de Escalona en la provincia de Toledo. Otro nombre a destacar es el del sacerdote de Guadalajara, Gaspar de Bedoya y que fue uno de los primeros en sufrir el rigor del llamado Santo Oficio.
Entre otros personajes relacionados, de alguna manera, con los alumbrados merece la pena destacar a Brianda de Mendoza, que llegó incluso a  testificar a favor de María de Cazalla durante su proceso inquisitorial, con su beaterio en otro de los extraordinarios Palacios de Guadalajara, el Palacio de Antonio de Mendoza conocido como Convento de la Piedad, ahora Instituto de Enseñanza Secundaria. Este lugar resulta fascinante por ser también punto de encuentro regular de mujeres ávidas de conocer la Palabra de Dios. La palabra beaterio resulta hoy extraña. La profesora Frances Luttikhuizen señala que “eran casas religiosas o comunidades informales, de mujeres piadosas y beatas vinculadas a la tercer orden franciscana de monjas laicas. Ofrecían una alternativa- y un refugio- para mujeres que sentían un llamamiento religioso pero que no querían entrar en un convento”1.  Es muy significativo que el Concilio de Trento decretara después, la supresión de estas llamadas monjas laicas. Es igualmente importante destacar que la espiritualidad alumbrada no solo afectó a algunas personas de alto rango sino que tuvo un amplio cariz popular. Las fechas del comienzo del movimiento alumbrado se remontan, quizás, a 1509 o 1510, pero es indudable que 1512 se registran ya las primeras predicaciones de Isabel y Alcaraz en los llamados conventículos, que eran reuniones más o menos formales y cuyo centro era la exposición de las Escrituras. Queda constancia de explicaciones de textos como Mateo 10.19,20 y Gálatas 4.22. El movimiento se extendió también por Pastrana, Cifuentes, Alcalá, Toledo y otros lugares de Castilla. 
Los términos con los que se conoce a este movimiento: alumbrados y dejados, arrojan mucha luz sobre sus creencias más destacadas. De entrada, eran conocidos como alumbrados. El término alumbrado ha sido también usado para referirse a otros grupos religiosos contemporáneos, como los seguidores de Francisco de Osuna, también conocidos como recogidos o místicos. Pero, estrictamente hablando, la expresión alumbrado solo puede ser usada con propiedad para referirse a los alumbrados dejados de Guadalajara. Estos se consideraban iluminados (por eso les decían alumbrados) por el Espíritu Santo al meditar en las Escrituras, de tal manera que, por medio de las mismas, alcanzaban una íntima y directa comunión con Dios e, incluso, certeza de salvación. Esto implicaba la independencia de la iglesia institucional para depender del Espíritu Santo. Y esto es precisamente lo que les hacía muy peligrosos para la Inquisición. Según Frances Luttikhuizen: “practicaban el principio del sacerdocio del creyente sustituyendo la autoridad de la iglesia y del papa por la del Espíritu Santo"2. Esta idea guarda una gran afinidad con la doctrina que, posteriormente, desarrollaría el gran teólogo de Ginebra, Juan Calvino, conocida con el nombre de el testimonio del Espíritu Santo. En cuanto al otro término con el que eran identificados, el de dejados, implicaba, en palabras del mismo Alcaraz, abandonarse al amor de Dios. Aludía a la incapacidad humana para salvarse y a una dependencia absoluta del favor de Dios para ser salvos. El gran erudito español José C. Nieto señala que en Isabel de la Cruz hay “una clara doctrina de la gracia en oposición a los actos humanos”3.  El amor es un don de Dios, y solo se puede responder adecuadamente al mismo, dejándose en las manos de ese Dios de amor en Cristo. Ese descanso en Cristo trae, igualmente, seguridad de salvación y consuelo.
Estamos, pues, ante un cristianismo con características similares al que se anunciará en otra latitudes europeas y que se conocerá como Protestantismo, una iglesia reformada que busca retornar a los orígenes mismos de la fe cristiana: las Escrituras. España no fue, por tanto, una excepción europea a ese anhelo de redescubrir las fuentes de la auténtica espiritualidad evangélica. Aquí también muchos gustaron de esa palabra de Dios que es más dulce que la miel, y que la que destila del panal, Salmo 19.10; y otros muchos sedientos bebieron en España de esa agua de vida que salta para vida eterna, Juan 4.14. 
José Moreno Berrocal

1. Luttikhuizen Frances. España y la Reforma Protestante. Editorial Academia del Hispanismo 2017, p. 52.

2. Ibíd, p. 50.

3. Nieto J.C. Juan de Valdés y los Orígenes de la Reforma en España. Fondo de cultura Económica 1979, p 113.

Palacio del Infantado, Guadalajara


viernes, 13 de octubre de 2017

WITTENBERG: CUNA DE LA REFORMA PROTESTANTE DEL SIGLO XVI





Stadtkirche St. Mari desde la Marktplatz

Emocionante visitar en compañía de mi esposa Lutherstadt Wittenberg en estos días en los que se cumplen quinientos años de la Reforma Protestante del siglo XVI. Es todo un placer poder pasear por las calles de esta tranquila ciudad tan alemana y que no sufrió los embates de la destrucción que causó la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, visitar la iglesia del Castillo de Wittenberg, la Schlosskirche, donde Martín Lutero clavó las 95 tesis y donde se encuentra su tumba y la de Philipp Melanchthon, mano derecha de Lutero y el Praeceptor Germaniae o maestro de Alemania. Iglesia fácilmente reconocible por la torre en la que se encuentran grabadas las palabras del famoso himno de Lutero: Ein' feste Burg ist unser Got o Castillo Fuerte es nuestro Dios. No puedo olvidar la iglesia Stadtkirche St. Marien donde Lutero, Melanchthon y Bugenhagen predicaron a menudo. Y, por supuesto, el monasterio agustino de Wittenberg, el llamado Augusteum que fue posteriormente la casa de Lutero, y que es ahora, uno de los mejores museos sobre la Reforma que hay en el mundo. Sin olvidarme de la casa de Philipp Melanchthon en la que residió nuestro querido compatriota, el burgalés Francisco de Enzinas al lado de la famosísima universidad de Wittenberg, en la que enseñaron los reformadores y por cuyas aulas pasaron tantos y tantos estudiantes. También pararse en la plaza del mercado, la Marktplatz donde está el ayuntamiento y varios hoteles, presidida por las estatuas de Lutero y Melanchthon. La ciudad está muy animada con numerosos visitantes de todo el mundo. Se ve que el aniversario ha sido preparado cuidadosamente. Desde la estación de tren hasta la entrada a la calles principales del municipio, han diseñado un precioso paseo con carteles de distintos colores alusivos al aniversario y con saludos de organizaciones de otras ciudades que también celebran la alegría que representó la Reforma. Hay también varios puestos de información sobre la Reforma.  Los museos que visitamos estaban llenos de gente. Se reconoce fácilmente a los coreanos pero también se oye el inglés hablado con acento americano. Hay gente grabando entrevistas por todos lados, vi dos equipos, uno haciendo entrevistas en italiano y otro en alemán. Las tiendas para turistas abundan con todo tipo de objetos y recuerdos referidos a Lutero principalmente. También hay libros, muchos libros, pero casi todos en alemán y algunos en inglés.
Y es que los libros son imprescindibles para entender la Reforma. Valorar adecuadamente incluso un lugar como Wittenberg en estos días, sería imposible sin haber leído sobre Lutero y la Reforma. Los libros en inglés, y, por supuesto, en alemán, son incontables. Pero también los hay en castellano. Se han publicado varias obras sobre Lutero y la Reforma en este año. Es algo por lo que tenemos que dar gracias a Dios. Posiblemenente la más conocida sea la biografía de Lyndal Roper Martín Lutero: Renegado y Profeta, un libro de más de seiscientas páginas. Pero a mí, particularmente, me sigue gustando mucho más la biografía de James Atkinson: Lutero y el nacimiento del protestantismo. Ya hace muchos años que fue publicada. La que yo tengo la publicó Alianza Editorial en 1980. La de Roper nos presenta a un Lutero de carne y hueso, con sus grandes defectos y muchas debilidades. Es necesario conocerlo así, sin duda alguna. El protestantismo no eleva a nadie a los altares. Como la Biblia hace con sus personajes, las biografías de los reformadores o de otros, no deben ocultar fallos y errores. Pero la biografía de Roper no provoca tampoco entusiasmo por el personaje. Uno se pregunta cómo explicar los orígenes de la Reforma Protestante con Lutero, si uno solo se queda fundamentalmente con sus innumerables pecados. En ese sentido, la biografía de Atkinson es superior. No oculta los excesos del personaje, pero resalta, al mismo tiempo, el indudable atractivo de Lutero. Este no residía en su persona, sino en el mensaje que cambió su vida y le dio su identidad más reconocible: Un redescubrimiento del evangelio de Jesús, y el consuelo que Dios nos proporciona en Cristo crucificado por los pecadores. Esto es Lutero y esto es la Reforma. Sin entender esto, si destacarlo, realmente no podremos comprender nada de lo que significó e implica hoy la Reforma de la Iglesia. Esta tuvo repercusiones sociales y políticas, pero, esencialmente, fue un acontecimiento bíblico y teológico. Atkinson rastrea los orígenes de la Reforma en los minuciosos estudios que efectuó Lutero en las Escrituras como profesor de la universidad de Wittenberg durante los años 1513 a 1517. Lo que queda de aquellas lecciones a sus estudiantes demuestra que, cuando publicó sus famosísimas 95 tesis, Lutero ya había redescubierto el evangelio. Esto aparece muy claramente en su comentario a la Epístola a los Romanos que data de esa época, concretamente de los años 1515 y 1516, aunque se publicara posteriormente. Romanos es la epístola de Pablo que Martín Lutero consideraba “la verdadera parte principal del Nuevo Testamento y el evangelio más puro”. Y es que Romanos revela el concepto capital de la salvación por la justicia de Dios en Cristo. Somos salvos porque Dios nos justifica por la fe en Cristo, es decir, nos atribuye gratuitamente su obra en la cruz como nuestra única justicia. Es verdad que, posteriormente, la ayuda exegética de un Melanchthon hizo que Lutero pudiera pulir el concepto de la salvación por la justicia imputada de Cristo. Pero resulta evidente que, el evangelio ya está redescubierto en 1517, cuando Lutero clava sus 95 tesis. Por ello, creo que la segunda parte del libro de Atkinson y, en particular, el capítulo sobre Lutero como profesor, nos dan la claves esenciales para entender a Lutero y a la Reforma. Esta no fue una obra de un hombre. La mano de Dios es evidente en la Reforma. Esta no es sino el anuncio de que “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles a los hombres en cuenta sus pecados”, 2ª Corintios 5.19. 
Caminar por Wittenberg es conmovedor porque hace quinientos años sus calles resonaron con el anuncio del evangelio. Las buenas nuevas que traen de parte de Dios gozo y paz en Cristo. Caminar por Wittenberg es recordar que:” El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios”, Tesis 62. Por eso emociona Wittenberg, porque su nombre estará siempre unido al del dulce evangelio de Jesús.
José Moreno Berrocal

Ayuntamiento de Wittenberg con la estatua de Lutero


lunes, 25 de septiembre de 2017

DUNDEE, ROBERT MURRAY MC CHEYNE Y LA ESPIRITUALIDAD EVANGÉLICA

Iglesia de St Peter's Dundee, Escocia

Estoy de vuelta después de un viaje a Dundee (Escocia) donde he tenido el privilegio de participar en una Conferencia sobre Misiones organizada por la European Mission Fellowship en conexión con la iglesia Trinity Baptist de Dundee. He disfrutado grandemente con la gran hospitalidad de los hermanos de esta congregación. Como parte de la misma, tuve también la ocasión de entrar en la iglesia de St Peter's en la que ejerció su ministerio el famoso predicador evangélico Robert Murray Mc Cheyne desde el 24 de noviembre de 1836, hasta su muerte el 25 de marzo de 1843. Solo tenía 29 años cuando murió. Mc Cheyne había nacido en Edimburgo un 21 de mayo de 1813. Tenía mucho interés de poder pasar por este lugar, ya que la biografía de Mc Cheyne, que publicó su gran amigo Andrew Bonar en 1844, Memoir and Remains of R. M. M'Cheyne  y que leí en 1985, es uno de los libros que más impacto han tenido en mi vida, sobre todo en en cuanto a mi llamamiento al ministerio cristiano de la predicación de la Palabra de Dios. A diferencia de otros muchos autores evangélicos escoceses, si tenemos varias de las obras de Mc Cheyne en español. Ya en 1961, el Estandarte de la Verdad, publicó muchos de sus sermones con una escueta introducción biográfica en un volumen titulado Mensajes Bíblicos. Libro que fue reimpreso en 1988. En 1986 la Editorial Clie publicó sus sermones sobre Las Siete Iglesias de Asia. Y contamos también con esa misma biografía de Andrew Bonar que editó Peregrino en 2004: La vida de Robert Murray M'Cheyne. En inglés se puede asimismo consultar una obra sobre Mc Cheyne escrita por el actual pastor de la iglesia de St Peter, David Robertson ( famoso por una serie de cartas que escribió a Richard Dawkins) y titulada Awakening: The Life and ministry of Robert Murray Mc Cheyne de Christian Focus. Es muy interesante porque añade nuevos detalles y más transfondo a lo que cuenta Bonar.
Recomiendo vivamente la lectura del libro de Bonar, (al igual que el de Robertson) pues es una de las obras que más claramente muestran el irresistible atractivo de la fe evangélica. Tenemos aquí la centralidad de la Escritura y de Cristo y de su Obra en la cruz, la primacía de la predicación, la salvación por la gracia de Dios, el conocimiento íntimo y experimental del Dios Trino y Personal, en oración y meditación, el amor por los perdidos, el anhelo de la santidad, la búsqueda del avivamiento y la honda preocupación social. Todos estos elementos, tomados conjuntamente, constituyen el meollo mismo del mensaje de la Biblia. Mc Cheyne es un ejemplo eminente de la transformación que Dios hace en una persona, de lo que llamamos la salvación. Es también un libro muy acertado para todos los que estén considerando el llamamiento pastoral. La obra de Mc Cheyne destaca todo lo que implica ser un buen ministro de Jesucristo, 1ª Timoteo 4.6. El sentido del llamamiento a predicar, la dedicación a la obra de servir en el iglesia, su sinceridad, su fervor, y su amor por los perdidos son características fundamentales de su labor. Su ejemplo es todo un acicate para cualquiera. 
Al pensar en Mac Cheyne, no puedo dejar de pensar en la eternidad. Es curioso que en la misma entrada de la iglesia, haya una piedra en el suelo, con esa palabra grabada. Creo que no está allí por casualidad, la vida y ministerio de Mc Cheyne ha sido considerada como una ilustración de la importancia de vivir a la luz de la eternidad. Su propia muerte prematura indica que hemos de estar preparados para la otra. Solo podremos morir en paz, y sin temor a la condenación, si somos del Señor Jesús, si le hemos recibido como Señor y Salvador. Este mensaje sobre la eternidad es también importante hoy. Es un distintivo de la fe evangélica, enfatizar la necesidad de tener en cuenta la duración de la eternidad. Es a lo que igualmente se refería Thomas Chalmers, profesor de Mc Cheyne y una de las influencias más importantes en su vida, con un ejemplo tomado de las matemáticas. Chalmers decía que la clave de esta ciencia reside en el concepto de la magnitud y que hay dos magnitudes que jamás debemos olvidar: la pequeñez del tiempo y la grandeza de la eternidad. Mc Cheyne nunca dejó de vivir a la luz de la misma. En un mundo que solo vive para el presente, el mensaje de Dios es a no tener en poco la eternidad. Es un mensaje contracultural, pero al ser la verdad, hace a la iglesia relevante siempre. Eso no significa que no podamos disfrutar de esta vida presente. Mc Cheyne lo hacía. Sus biógrafos destacan que amaba a sus familiares y pasar tiempo con ellos, le gustaba leer y escribir poesía, hacer gimnasia y dibujar. Mc Cheyne tenía, además, muchos amigos, con los que hablaba y oraba con frecuencia, bebía vino con moderación e, incluso, aunque no le agradaba tanto, se tomaba algún vasito de whisky, si se lo ofrecía alguno de los miembros de su iglesia, en las visitas que les hacía. Y, por supuesto, le encantaba pasear a caballo apreciando la arrebatadora belleza de Escocia. Pero, desde su conversión, se deleitaba de todo esto en Cristo, y no de todo esto sin Cristo. Procuró usar, pero no abusar de las cosas buenas y lícitas que Dios nos da en su creación. Es hacer todo lo que edifica para la gloria de Dios, como ya enseñó Pablo en 1ª Corintios 10.31. 
Si alguien quiere saber lo que es la fe evangélica, o conocer una de sus mejores versiones, y la razón por la que algunos estamos seguros que creer en  Jesucristo es lo mejor que nos ha podido pasar, lea la biografía de Bonar, la de Robertson, si sabe inglés, o los mensajes de Mc Cheyne. Esta es la auténtica espiritualidad evangélica.
José Moreno Berrocal

Iglesia de Broughty Ferry donde Mc Cheyne predicó su último mensaje sobre Isaías 60.1

viernes, 15 de septiembre de 2017

LA CENTRALIDAD DEL EVANGELIO



Aunque muchos han sostenido que las 95 tesis de Martín Lutero no reflejan con claridad su pensamiento posterior, tesis como la 62, indican que el reformador alemán si era claramente consciente de que el evangelio estaba siendo oscurecido por las indulgencias de Roma. Cuando Lutero afirma que"el verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios" está mostrándonos, por lo menos, la primacía que el evangelio debe tener en la iglesia cristiana. Mantener la centralidad del evangelio en la iglesia no es nada sencillo (como la misma controversia con respecto a las indulgencias estaba mostrando) porque como añade Lutero en la siguiente tesis, "este tesoro es muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros". El evangelio ofende siempre al ser humano pues es un camino de salvación que solo da la gloria a Dios mismo. Por ello, el evangelio recibirá siempre los ataques más fuertes. Es por eso que resulta imperativo que podamos ser conscientes de cual es el principal objetivo de nuestros adversarios y, como es, por tanto, imprescindible que conozcamos bien el evangelio para poder así ponerlo en todo momento en el centro mismo de nuestra vida y testimonio cristianos.
Os animo esta semana a explorar la riqueza del evangelio , tal y como aparece en Romanos 1, en este programa que se emitió recientemente en Tiempo de Esperanza para Mancha Centro TV: https://www.youtube.com/watch?time_continue=13&v=hgPpQf_INiA

José Moreno Berrocal

lunes, 4 de septiembre de 2017

LA REFORMA: LO QUE NECESITAS SABER Y PORQUE


La Reforma: lo que necesitas saber y porque es un libro muy valioso. La principal razón estriba en que, difícilmente, se puede decir nada más y mejor sobre la Reforma Protestante del siglo XVI, de una manera tan sucinta. Es por ello una excelente introducción a la Reforma y a las implicaciones actuales de la misma.
La tesis fundamental del libro es que la Reforma fue el redescubrimiento del evangelio. Para Michael Reeves la Reforma fue “un movimiento positivo para avanzar hacia el evangelio”, p 44. Para John Stott: “los reformadores del siglo XVI, que dieron vigencia al término evangélico y a quienes recordamos con enorme gratitud y admiración, dejaron bastante claro que la fe evangélica es la fe cristiana en su forma original y auténtica”, p 47. En este sentido, la fe evangélica es, en palabras de Lindsay Brown, autor del atinado prólogo que presenta este libro: “ una reafirmación de la verdad apostólica”, p 21. Citando de nuevo a Stott “la fe evangélica es el evangelio”, p.54. Por ello, Stott nos exhorta a retener el término evangélico, y a procurar estar a la altura del mismo. En su contribución, Reeves nos muestra como la Historia de la Reforma está indisolublemente unida a la experiencia de salvación de Martín Lutero. No que Lutero fuera el único protagonista de la Reforma. Reeves menciona también la obra de Erasmo, Wycliffe y Tyndale, así como a algunos de los mártires de la Reforma, y a Juan Calvino. Pero, es indudable que Lutero es el primero que puso de manifiesto que el sistema católico-romano de salvación no podía traer paz y consuelo al culpable. Y es que hacía depender la salvación de lo que uno pudiera hacer por Dios. Es decir, era un mensaje que contradecía el del evangelio. Esa angustia por su pecado llevó al monje alemán a investigar concienzudamente las Escrituras. En las mismas hizo un descubrimiento extraordinario: que el ser humano solo puede ser salvo por la gracia de Dios. Que solo puede ser justificado por la fe en Cristo. Que la salvación no depende de nosotros sino solo de Dios. Lutero se había encontrado con el evangelio, las buenas noticias de salvación de Dios en Cristo para los pecadores. Por ello, Reeves concluye que el corazón de la Reforma se encontraba en el mensaje de la justificación por la fe sola: “la justificación es lo que hizo de la Reforma la Reforma”, p. 42. Al mismo tiempo, solo la recepción de la Biblia como suprema autoridad, la Sola Scriptura, podía, igualmente, proporcionar seguridad al alma de que se encontraba en las manos de Dios. Estas enseñanzas reformadas son de un valor extraordinario hoy también, ya que colocan nuestra aceptación y seguridad, no sobre nuestras impresiones, sino sobre una base objetiva: lo que Dios ha hecho en Cristo para salvarnos, y el testimonio infalible de esa obra divina en las Escrituras. Por su parte Stott nos recuerda que los reformadores fueron “renovadores y no innovadores”, p 47. Stott coloca el mensaje de la Reforma en el marco más amplio de la fe trinitaria, la afirmación de que creemos en Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. A la luz de la obra salvadora del Dios trino a favor nuestro, Stott nos desafía a “explorar nuestra responsabilidad personal con la fe evangélica y lo que significa mantenerla y transmitirla a otros”, p. 54.  Stott consigue así mostrarnos que la pertinencia de la Reforma hoy radica en nuestra defensa del Evangelio de acuerdo a la rica enseñanza bíblica sobre lo que implica ser evangélico.
Complementa a este libro una Cronología de la Reforma, interesante por mostrar como Dios preparó la Reforma mucho tiempo antes de que ocurriera, ¡así como por incluir fechas de la Reforma Española! Es también positiva la inclusión de Las 95 tesis de Lutero, de gran importancia histórica, como señal de partida de la Reforma. También destacaría el gran prólogo de Lindsay Brown al que tuvimos en España hace años, y que es autor de un precioso libro titulado Brillando como Estrellas. Otra serie de apéndices resultan valiosos por que inciden sobre la actualidad de la Reforma. Así, la reflexión de Alan Purser sobre Juan 17 es muy adecuada, en vista del hecho de que algunos de los versículos de este capítulo representan el caballo de batalla del movimiento ecuménico moderno. De una manera muy sencilla, y apelando de nuevo a Stott, Purser demuestra como la unidad por la que oró Jesús aquí, se basa en la palabra apostólica, es decir, en el evangelio. En esta misma línea Lloyd- Jones afirmó que “Nunca debemos comenzar con la iglesia visible o con una institución, sino solo con la verdad que es lo único que crea la unidad”, Unidad Cristiana ¿Cuál es su base verdadera? p 61. En tiempos como los nuestros en los que algunos sucumben al ecumenismo con Roma, hemos de recordar que no hay unidad sino se comparte el evangelio. Otros apéndices incluyen preguntas y lecturas para profundizar sobre la Reforma y su relevancia presente, los libros que recomienda el movimiento Lausana en España, así como una explicación de lo que fue ese movimiento, y su influencia en el mundo evangélico hoy.
Estamos, pues, ante una publicación que merece gozar de una amplia difusión, ya que identifica bien lo que fue la Reforma: el retorno al evangelio de Dios, Romanos 1.1, y como ese evangelio es lo único que hará que la iglesia  siga siendo sal y luz también en pleno siglo XXI.
José Moreno Berrocal


martes, 29 de agosto de 2017

ALGUNAS LECTURAS SOBRE LA REFORMA PROTESTANTE EN ESPAÑA


Algunas lecturas sobre la Reforma Protestante es un valioso conjunto de artículos de Carlos Martínez García en los que se destacan algunos de los recursos a nuestro alcance para poder comprender la Reforma Protestante del siglo XVI.  Comparto con el periodista y sociólogo mexicano mi admiración por la obra del gran historiador británico Diarmaid Maculloch. Su erudición y capacidad de síntesis son admirables, como lo es también, sin duda alguna, el conocimiento teológico que exhibe y que le permite entender bien lo que realmente fue la Reforma Protestante. Y es que, sin un adecuado bagaje teológico, es complicado profundizar sobre las causas y los principios de la Reforma.
Recientemente, en la todavía felizmente inconclusa serie, Carlos Martínez Garcia comentaba en tres entradas, XX a XXII, el primer capítulo del libro La Reforma Ayer y Hoy: http://protestantedigital.com/magacin/42768/Algunas_lecturas_sobre_la_Reforma_Protestante_XX  http://protestantedigital.com/magacin/42799/Algunas_lecturas_sobre_la_Reforma_Protestante_XXI http://protestantedigital.com/magacin/42885/Algunas_lecturas_sobre_la_Reforma_Protestante_XXIII Me agrada que la tesis sostenida en ese capítulo, que hubo una reforma española cuyos orígenes son de carácter endógeno, encuentre en Carlos Martínez una cálida acogida.  Yo, por mi parte, me siento heredero de muchos investigadores que han puesto de manifiesto que hubo una Reforma en España con características propias. Entre los mismos, y sin afán de ser exhaustivo, señalaría a Juan C. Nieto, David Estrada, Frances Luttikhuizen, Emilio Monjo, Manuel de León, Gabino Fernández, Francisco Ruiz de Pablos, José Luis Villacañas y, Stefania Pastore, y más recientemente, a José Martínez Millán.
Este primer capítulo de este libro, al igual que el segundo, fue escrito en 2013 y fue en sus comienzos  una de las ponencias que pude impartir en el marco de la Conferencia Cipriano de Valera que tiene lugar anualmente en la preciosa localidad de Piedralaves (Ávila) en las estribaciones de la Sierra de Gredos. Desde entonces, mi interés por las raíces de la Reforma Española no ha dejado de crecer. Si cabe, poseemos ahora muchos más datos para corroborar la tesis del carácter autóctono de la Reforma Española. Entre esas últimas aportaciones que así lo ponen de manifiesto, destacaría  la de la historiadora Frances Luttikhizen, en su obra La Reforma Protestante en España (1517-2017). Ya me he referido a este obra anteriormente y vuelvo a reiterar su gran importancia para entender la Reforma en España: http://scintilla15.blogspot.com.es/2017/06/espana-y-la-reforma-protestante-1517.html Véase también su artículo titulado El Cardenal Cisneros precursor del movimiento reformado español, publicado en el número 49 de la revista de Teología de la AEE: http://www.academia.edu/30087257/El_Cardenal_Cisneros_precurso_del_movimiento_reformado_espa%C3%B1ol  El carácter autóctono de la Reforma española reside en el hecho de que hubo un acceso, parcial y limitado si, pero efectivo, a la Escritura, en la España de entonces. No puede sorprendernos que el conocimiento de la Biblia o partes de la misma, trajeran un intento de reforma. Y es que, como dice Diarmaid Maculloch citando a Bernard Cottret, uno de los biográfos de Juan Calvino, frase que subraya Carlos Martínez Garcia: “la proliferación de las Biblias creó la Reforma en lugar de que esta haya creado a aquella”. Los albores de la Reforma Española tienen su origen en las parciales traducciones bíblicas que circulaban en España a comienzos del siglo XVI. Estas dieron su fruto en las vidas de los alumbrados españoles que son nuestros primeros reformadores. Nuestro gran  Juan de Valdés, por ejemplo, es heredero de esa rica tradición bíblica española que merece la pena conocer mucho mejor.

José Moreno Berrocal

lunes, 7 de agosto de 2017

LA LIBRERÍA SECRETA DE LUIS DE USOZ (1805-1865)


Volvía, hace pocas semanas, en compañía de mi amigo José de Segovia, a la Biblioteca Nacional de España con el propósito de visitar la exposición La Librería Secreta de Luis de Usoz (1805-1865) que, desde el 25 de mayo hasta el 10 de septiembre, alberga el Museo de la BNE. Al hacerlo, recordaba con mucha afecto las tardes que, recientemente, había pasado allí, examinando las  obras que se conservan del periodista protestante manchego Juan Calderón Espadero. También, y como parte de la investigación que estaba llevando a cabo sobre el erudito manchego, pude manejar algunos de los volúmenes de la Colección de los Reformistas Antiguos Españoles, en particular algunas las obras de Juan de Valdés. Me acordaba, igualmente, de la amabilidad del personal de la BNE y como me dieron todo tipo de facilidades para el trabajo que estaba realizando. El fruto de esa labor ha quedado plasmado en el libro sobre Juan Calderón Espadero que se acaba de publicar, y del que es asimismo autor Ángel Romera Valero:  http://editorialperegrino.com/tienda/1664-juan-calderon-espadero-9788415951537.html De hecho, esta exposición no es el primer homenaje que la BNE rinde al gran bibliófilo español ya que, en octubre de 2015, había acogido una mesa redonda en torno al filántropo español en el marco del V Congreso sobre la Reforma Protestante Española y que ese año estuvo dedicado a Usoz, coincidiendo con el 150 aniversario de su muerte. Y es que fue la BNE la que, por expreso deseo de Usoz, recibió como donación la inmensa librería que había acumulado el erudito español nacido en el Virreinato del Río de la Plata. Un detalle más del inmenso amor que tenía por España Luis Usoz al conseguir de esta manera que su inmensa colección permaneciese en nuestro país. La importancia de esta donación, un total de 11.357 elementos, que llevó a cabo su viuda María Sandalia del Acebal y Arratia en 1873, se pone de manifiesto en el hecho de que Juan Eugenio Hartzenbusch a la sazón Director de la BNE, creó un sello exprofeso para la misma con la signatura Usoz, un raro privilegio que solo comparte la de otro ilustre cervantista Juan Sedó Peris-Mencheta.
Estamos ante una excepcional muestra en la que, por medio de los ejemplares expuestos, se pueden apreciar los múltiples intereses de Usoz. De entrada, su amor por el texto bíblico. Así, por ejemplo, formaban parte de su biblioteca entre otras piezas, la edición del Nuevo Testamento en griego de Erasmo, el de Francisco de Enzinas en castellano, la Biblia de Ferrara, la Complutense, la del Oso y la del Cántaro o Reina-Valera de la que Usoz dijo que: “es a mi parecer la que debe servir de fundamento o base para otra mejor española. Y en su mayor parte no habrá más que copiarla”.  Fundamental, también en la exposición su labor de recuperación de la memoria histórica protestante española, plasmada en la Colección de los Reformistas Antiguos Españoles. Esta obra, fruto de una labor titánica, clandestina y de muchos años, serviría en parte a Marcelino Menéndez y Pelayo para escribir su inmensa Historia de los Heterodoxos Españoles.  En este sentido, es impagable la deuda del protestantismo hispano con Usoz. Entre otros, están expuestos ejemplares de las obras de Juan de Valdés quién, como se afirma en el catálogo confeccionado para la Exposición: “era el modelo de intelectual cristiano para Luis de Usoz”. Hay también ejemplares de obras de autores como Lutero, Calvino, Servet, Vives y Tomás Moro. Se reconoce también el aprecio de Usoz por la labor de Juan Calderón Espadero. Se puede ver el manuscrito autógrafo del Cervantes vindicado así como un ejemplar de su revista El Catolicismo Neto. Me parece también muy relevante que se incluya en la muestra el Cancionero de obras de burlas provocantes a risa, obra que fue publicada por primera vez en Valencia en 1511, ya que muestra a las claras el estado de España en esos momentos. Como comentaba Usoz en carta al hispanista y colaborador Benjamín Wiffen en 1852, sobre su motivación detrás de la edición de esta obra: “ ...llevado del deseo de probar, con este indecentísimo libro, lo que se permitía escribir en esta España quemadora de herejes ...”. Tampoco podemos entender a Usoz sin mencionar a los cuáqueros y su denodada lucha contra la esclavitud. En la muestra podemos contemplar un ejemplar de La Apología de Roberto Barclay, la obra clásica que define los principios de los Amigos, entre otros. También las poesías de Juan Francisco Manzano, esclavo de la isla de Cuba entre otros escritos antiesclavistas. De la incansable labor de los cuáqueros en España a favor de la abolición de la esclavitud española en América me he ocupado en mi obra sobre William Wilberforce: http://www.publicacionesandamio.com/products-page/andamio/william-wilberforce/ Otros intereses de Usoz como coleccionista de libros antiguos, raros y curiosos, aparecen también reflejados en la exposición. Así, un incunable de las fábulas de Esopo, un libro de Dioscórides o la geografía de Ptolomeo. En el opúsculo que se ofrece a la entrada de la exposición se añade que: “la magia de esta biblioteca reside no solo en el incalculable valor de sus ejemplares, sino en las notas y cartas que dejó Luis Usoz entre los mismos, para explicar a ese lector que un día los abriría libremente, la importancia o el misterio de cada uno”.
La Librería Secreta de Luis de Usoz (1805-1865) es una exposición de gran categoría. Su contenido nos revela una página muy desconocida de nuestra Historia. Pero una esencial, ya que sin ésta, no podremos nunca entender cabalmente lo que fue la España de la Reforma y la del siglo XIX. Durante mucho tiempo hemos tenido una idea muy fragmentaria de nuestra Historia. Es hora de ir encajando las piezas. Os recomiendo a todos que no os la perdáis, y que os sirva de acicate para redescubrir también a los clásicos de nuestra Reforma Española.



EL CONSUELO DEL PACTO DE REDENCIÓN