El pasado día 28 de marzo se presentaba en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan mi último libro titulado La influencia de la Reforma en el trabajo y la protección social publicado por Andamio. Los temas que trata creo que son de una gran relevancia actual. Varios medios se han hecho eco de la presentación. De entrada, una entrevista radiofónica que me hicieron los amigos de Dynamis Radio. También la crónica del acto que acaba de aparecer en Actualidad Evangélica, Lanza Digital y Manchamedia.com. Asimismo, un reportaje en Mancha Centro TV. Finalmente, el libro ha aparecido en el número 386 de la colección Libros y Nombres de Castilla La Mancha, un fascinante catálogo que recoge las novedades editoriales en Castilla La Mancha, y que publica semanalmente el crítico literario y editor de Almud, Alfonso González-Calero. Espero que sea de vuestro interés.
http://elpulsodelavida.com/la-influencia-de-la-reforma-en-el-trabajo-y-la-proteccion-social-jose-moreno-berrocal
Un nuevo libro de José Moreno Berrocal
https://www.lanzadigital.com/provincia/alcazar-de-san-juan-provincia/la-influencia-de-la-reforma-protestante-en-la-vida-socio-laboral-centra-el-nuevo-estudio-de-jose-moreno-berrocal/
https://youtu.be/UFhtjJGb9OM
sábado, 30 de marzo de 2019
martes, 26 de febrero de 2019
MICHAEL GREEN Y LA PRIORIDAD DE LA EVANGELIZACIÓN
El pasado 6 de febrero fallecía el famoso evangelista, teólogo y escritor británico Michael Green. Sería un buen ejemplo de lo que J. I. Packer ha llamado el comunicador cristiano ideal: predicador y teólogo al mismo tiempo. Nacido el 20 de agosto de 1930 en Inglaterra, Green es conocido entre nosotros por ser el autor de varios libros que se ocupan de cómo transmitir la fe cristiana, es decir, la evangelización, o que son directamente evangelísticos. Entre sus títulos en castellano destacaría La evangelización en la iglesia primitiva publicado por Certeza en Buenos Aires, Argentina en 1979 y ¡Jesucristo vive hoy! también de Certeza y publicado en 1976. Asimismo, ¡Estarás Bromeando! publicado por Clie y Oasis en 1991. En 2003, Clie publicó ¿Cómo llegar a ellos? un libro escrito conjuntamente con Alistair Mc Grath. Green también dirigió una serie denominada Creo que trataba diversos temas de actualidad entre ellos la evangelización y la resurrección de Cristo. Es justo que, al recordarle, nos hagamos eco de algunos de sus convicciones en cuanto a lo que significa evangelizar.
De entrada, la evangelización para Michael Green era una prioridad. En el prólogo a la obra de Max Warren Creo en la Gran Comisión, publicada por Caribe dentro de la serie Creo que Green dirigió, se refiere a la misión como “artículo crucial de la fe y de la obediencia cristiana”. La Gran Comisión no es opcional. “Debe ocupar nuevamente el primer plano en las metas de nuestras vidas y en nuestro estilo de vivir”, sostiene Green. Pero, si la evangelización es un rasgo esencial de la iglesia evangélica ¿cómo evangelizar? En este sentido, Green es sumamente útil para nosotros hoy.
En primer lugar, tenemos que conocer bien cómo se afrontaba la tarea evangelística en la iglesia de los primeros siglos. En ese sentido, su libro La evangelización en la iglesia primitiva resulta una minuciosa guía para nuestra labor evangelística hoy, ya que ésta debe estar modelada en primer lugar por la Escritura, y el libro de los Hechos de los Apóstoles en particular. Pero Green no solo explora el testimonio neotestamentario sino que también se adentra en la manera en la que la inmediata iglesia postapostólica primitiva se esforzó en la tarea evangelizadora. Esta obra muestra una enorme erudición y conocimiento de las fuentes cristianas. Green escribe sobre las motivaciones, la estrategia y los métodos de aquella iglesia. Está práctica cristiana primitiva debe servirnos de estímulo a nosotros para proseguir hoy con el mismo entusiasmo con la misión cristiana. En segundo lugar, Green presta especial atención a la vida de los primeros cristianos. Es significativo que sea en la primera parte de su libro La evangelización en la iglesia primitiva donde se ocupe de esto. Y es que es el comportamiento distintivo de aquellos discípulos la única explicación de todo lo que sigue. El evangelista británico escribe que las vidas de aquellos hombres y mujeres revelaban caracteres transformados por el contacto con la Persona de Cristo. Había fe, amor, esperanza, gozo y abnegación en ellos. La única explicación histórica plausible es que aquellos cristianos, empezando por los primeros apóstoles y discípulos de Jesucristo, habían tenido un encuentro con un Cristo que estaba vivo y que los había cambiado. Y es que Green muestra, particularmente en ¡Jesucristo vive hoy! la importancia suprema de la resurrección para valorar la fe cristiana primitiva. En el prólogo a otra de las obras contenidas en Creo, la que escribió George Ladd, titulada Creo en la resurrección de Jesús, Green escribió que: “La resurrección de Jesucristo de entre los muertos es la principal piedra del ángulo del cristianismo”. A esta predicación de Cristo muerto por nuestros pecados, pero ahora resucitado, física y literalmente, achaca Green el impacto de los primeros cristianos en su entorno. La conversión es un encuentro personal con ese Cristo vivo por la fe. Algo que acontece hoy por medio del Espíritu Santo, el Espíritu del Cristo resucitado, dado por el Padre a su iglesia. Esa nueva vida en Cristo, y con Cristo en nosotros, nos conduce inexorablemente a la imitación de Cristo, destaca Green. Lo cual constituye la base crucial para la evangelización: “la vida semejante a la de Cristo es un sine qua non del evangelismo”, afirma Green. En esta convicción no estaba solo. Destacados evangelistas como D.M. Lloyd-Jones o Francis Schaeffer sitúan igualmente aquí la clave de la evangelización eficaz. Green, por ejemplo, se hace eco del testimonio de Ignacio que aconsejaba así a los efesios en cuanto a la evangelización: “Permitidles que al menos reciban una lección de vuestras obras. Sed mansos cuando ellos explotan en ira, sed humildes frente a sus palabras arrogantes; enfrentad sus blasfemias con vuestras oraciones; no tratéis de imitarlos con represalias”. Creo que es imprescindible que seamos conscientes de qué nada es más evangelístico que el hecho palpable de que nuestras vidas manifiesten que Cristo está en nosotros. Esto significa que el fruto del Espíritu de Cristo ha de ser evidente en nuestra manera de comportarnos. En tercer lugar, Green destaca la necesidad de crear puentes con nuestra audiencia. Esto es también algo que se puede apreciar con claridad en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pablo tiene en cuenta qué clase de oyentes tiene a la hora de anunciar a Cristo. No es lo mismo su presentación del evangelio en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, que la que hace entre los paganos de Listra, o entre los educados habitantes de Atenas. Por eso, Green se identifica con apologetas como C.S. Lewis y Alistair Mc Grath que se caracterizan precisamente por buscar conectar con la gente de su entorno. Esto implica que la evangelización requiere un conocimiento de primera mano del mundo en el que vivimos, de las personas y de sus circunstancias concretas. Y, también, del entorno sociopolítico, intelectual y moral de la sociedad. En todas sus obras, Green manifiesta una gran familiaridad con la cultura occidental. En este sentido, el libro de Jerram Barrs titulado El Corazón de la Evangelización continúa también en esta línea de exponer cómo llevar el evangelio en nuestra propia generación y época. En cuarto lugar, Green incide en la búsqueda práctica y creativa de maneras de poder acercarnos a los que nos rodean. En ¿Cómo llegar a ellos?, Green escribe, por ejemplo del valor de la amistad, el testimonio personal o las experiencias de grupo, por citar algunos aspectos. El enfoque de Green se encuentra hoy en libros como Dando fruto en tu lugar de misión de Mark Greene.
Se podría decir mucho más acerca de Michael Green y su pasión por la evangelización, pero creo que lo que él mismo nos diría es que no basta con saber estas cosas. Es necesario ponerlas por práctica. Su vida fue un ejemplo eminente de evangelizador. Por ello, necesitamos evangelizar, necesitamos proponernos el hacerlo y abundar en ello. Desde la imprescindible vida nueva que tenemos en Cristo, todo cristiano, desde el estímulo y la comunión que le proporciona su iglesia local, tiene que contemplar la evangelización como su propia e ineludible responsabilidad.
José Moreno Berrocal
De entrada, la evangelización para Michael Green era una prioridad. En el prólogo a la obra de Max Warren Creo en la Gran Comisión, publicada por Caribe dentro de la serie Creo que Green dirigió, se refiere a la misión como “artículo crucial de la fe y de la obediencia cristiana”. La Gran Comisión no es opcional. “Debe ocupar nuevamente el primer plano en las metas de nuestras vidas y en nuestro estilo de vivir”, sostiene Green. Pero, si la evangelización es un rasgo esencial de la iglesia evangélica ¿cómo evangelizar? En este sentido, Green es sumamente útil para nosotros hoy.
En primer lugar, tenemos que conocer bien cómo se afrontaba la tarea evangelística en la iglesia de los primeros siglos. En ese sentido, su libro La evangelización en la iglesia primitiva resulta una minuciosa guía para nuestra labor evangelística hoy, ya que ésta debe estar modelada en primer lugar por la Escritura, y el libro de los Hechos de los Apóstoles en particular. Pero Green no solo explora el testimonio neotestamentario sino que también se adentra en la manera en la que la inmediata iglesia postapostólica primitiva se esforzó en la tarea evangelizadora. Esta obra muestra una enorme erudición y conocimiento de las fuentes cristianas. Green escribe sobre las motivaciones, la estrategia y los métodos de aquella iglesia. Está práctica cristiana primitiva debe servirnos de estímulo a nosotros para proseguir hoy con el mismo entusiasmo con la misión cristiana. En segundo lugar, Green presta especial atención a la vida de los primeros cristianos. Es significativo que sea en la primera parte de su libro La evangelización en la iglesia primitiva donde se ocupe de esto. Y es que es el comportamiento distintivo de aquellos discípulos la única explicación de todo lo que sigue. El evangelista británico escribe que las vidas de aquellos hombres y mujeres revelaban caracteres transformados por el contacto con la Persona de Cristo. Había fe, amor, esperanza, gozo y abnegación en ellos. La única explicación histórica plausible es que aquellos cristianos, empezando por los primeros apóstoles y discípulos de Jesucristo, habían tenido un encuentro con un Cristo que estaba vivo y que los había cambiado. Y es que Green muestra, particularmente en ¡Jesucristo vive hoy! la importancia suprema de la resurrección para valorar la fe cristiana primitiva. En el prólogo a otra de las obras contenidas en Creo, la que escribió George Ladd, titulada Creo en la resurrección de Jesús, Green escribió que: “La resurrección de Jesucristo de entre los muertos es la principal piedra del ángulo del cristianismo”. A esta predicación de Cristo muerto por nuestros pecados, pero ahora resucitado, física y literalmente, achaca Green el impacto de los primeros cristianos en su entorno. La conversión es un encuentro personal con ese Cristo vivo por la fe. Algo que acontece hoy por medio del Espíritu Santo, el Espíritu del Cristo resucitado, dado por el Padre a su iglesia. Esa nueva vida en Cristo, y con Cristo en nosotros, nos conduce inexorablemente a la imitación de Cristo, destaca Green. Lo cual constituye la base crucial para la evangelización: “la vida semejante a la de Cristo es un sine qua non del evangelismo”, afirma Green. En esta convicción no estaba solo. Destacados evangelistas como D.M. Lloyd-Jones o Francis Schaeffer sitúan igualmente aquí la clave de la evangelización eficaz. Green, por ejemplo, se hace eco del testimonio de Ignacio que aconsejaba así a los efesios en cuanto a la evangelización: “Permitidles que al menos reciban una lección de vuestras obras. Sed mansos cuando ellos explotan en ira, sed humildes frente a sus palabras arrogantes; enfrentad sus blasfemias con vuestras oraciones; no tratéis de imitarlos con represalias”. Creo que es imprescindible que seamos conscientes de qué nada es más evangelístico que el hecho palpable de que nuestras vidas manifiesten que Cristo está en nosotros. Esto significa que el fruto del Espíritu de Cristo ha de ser evidente en nuestra manera de comportarnos. En tercer lugar, Green destaca la necesidad de crear puentes con nuestra audiencia. Esto es también algo que se puede apreciar con claridad en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pablo tiene en cuenta qué clase de oyentes tiene a la hora de anunciar a Cristo. No es lo mismo su presentación del evangelio en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, que la que hace entre los paganos de Listra, o entre los educados habitantes de Atenas. Por eso, Green se identifica con apologetas como C.S. Lewis y Alistair Mc Grath que se caracterizan precisamente por buscar conectar con la gente de su entorno. Esto implica que la evangelización requiere un conocimiento de primera mano del mundo en el que vivimos, de las personas y de sus circunstancias concretas. Y, también, del entorno sociopolítico, intelectual y moral de la sociedad. En todas sus obras, Green manifiesta una gran familiaridad con la cultura occidental. En este sentido, el libro de Jerram Barrs titulado El Corazón de la Evangelización continúa también en esta línea de exponer cómo llevar el evangelio en nuestra propia generación y época. En cuarto lugar, Green incide en la búsqueda práctica y creativa de maneras de poder acercarnos a los que nos rodean. En ¿Cómo llegar a ellos?, Green escribe, por ejemplo del valor de la amistad, el testimonio personal o las experiencias de grupo, por citar algunos aspectos. El enfoque de Green se encuentra hoy en libros como Dando fruto en tu lugar de misión de Mark Greene.
Se podría decir mucho más acerca de Michael Green y su pasión por la evangelización, pero creo que lo que él mismo nos diría es que no basta con saber estas cosas. Es necesario ponerlas por práctica. Su vida fue un ejemplo eminente de evangelizador. Por ello, necesitamos evangelizar, necesitamos proponernos el hacerlo y abundar en ello. Desde la imprescindible vida nueva que tenemos en Cristo, todo cristiano, desde el estímulo y la comunión que le proporciona su iglesia local, tiene que contemplar la evangelización como su propia e ineludible responsabilidad.
José Moreno Berrocal
lunes, 10 de diciembre de 2018
LA REFORMA Y LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
Se cumplen ahora 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Fue en el Palaix de Chaillot de Paris, concretamente un 10 de diciembre de 1948, donde se aprobaron los 30 artículos que contiene esta Declaración. El contexto inmediato de la misma nos sitúa justamente después del horror de la Segunda Guerra Mundial. Podemos contemplar este documento como un intento de prevenir que semejante crueldad y destrucción pudiera volver a ocurrir en nuestro mundo. La Declaración Universal de los Derechos Humanos se presenta como “un ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse”. El propósito es que los Derechos en la misma recogidos, en esencia la dignidad de todo ser humano por el mero hecho de serlo, alcance un “reconocimiento y aplicación universales y efectivos”.
Pero sabemos que los Derechos Humanos que esta Declaración sostiene son el fruto de un desarrollo histórico fascinante. Es decir, contiene una serie de principios que habían venido formulándose a lo largo de los siglos anteriores, alcanzando una plasmación extraordinaria en esta Declaración. Entre los orígenes de este Documento, se encuentran las declaraciones clásicas de los derechos del hombre del siglo XVIII. A su vez, estas son deudoras, entre otros movimientos, de la Reforma Protestante del siglo XVI. Así lo reconoce el Memorándum y Cuestionario acerca de las bases teóricas de los Derechos del Hombre y que fue distribuido por una de las agencias de la ONU, la UNESCO, en 1947, entre una serie de pensadores y escritores. La apelación a la Reforma del siglo XVI es, en realidad, una referencia al derecho a la libertad de conciencia. Este derecho, plasmado en el artículo 18 de la Declaración, fue el gran caballo de batalla de la Reforma. Su más antigua y pública expresión en aquella época se encuentra en las palabras de Martín Lutero en la Dieta de Worms de 1521. Conminado a retractarse de sus opiniones, el reformador alemán exclamó: “Mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. Ni quiero ni puedo retractarme. Que Dios me ayude”. Esta valiente posición contribuirá a abrir un nuevo capítulo en la Historia. Con el tiempo, el derecho a la libertad de conciencia dio origen a todos los demás derechos que hoy consideramos inalienables.
En este 70 aniversario, es, por tanto, bueno recordar de dónde vienen estos Derechos contenidos en esta preciosa Declaración. La necesaria defensa y vindicación actual de los Derechos plasmados en este Documento, y que recoge también la Constitución Española del 78, es también un reconocimiento a todos los que, desde la Reforma hasta nuestros días, lucharon por los mismos, dejándonos así una inestimable herencia: un semillero de libertades de las que podemos disfrutar hoy. En nuestro convulso mundo actual, es necesario llamar la atención a un Documento como este, ya que los Derechos que señala, están lejos de estar asegurados para todos, y en todo momento y ocasión. Somos llamados a estar a la altura de todos los que nos han precedido en instar al restablecimiento de los Derechos Universales de todo ser humano creado a la imagen y semejanza de Dios.
José Moreno Berrocal
Pero sabemos que los Derechos Humanos que esta Declaración sostiene son el fruto de un desarrollo histórico fascinante. Es decir, contiene una serie de principios que habían venido formulándose a lo largo de los siglos anteriores, alcanzando una plasmación extraordinaria en esta Declaración. Entre los orígenes de este Documento, se encuentran las declaraciones clásicas de los derechos del hombre del siglo XVIII. A su vez, estas son deudoras, entre otros movimientos, de la Reforma Protestante del siglo XVI. Así lo reconoce el Memorándum y Cuestionario acerca de las bases teóricas de los Derechos del Hombre y que fue distribuido por una de las agencias de la ONU, la UNESCO, en 1947, entre una serie de pensadores y escritores. La apelación a la Reforma del siglo XVI es, en realidad, una referencia al derecho a la libertad de conciencia. Este derecho, plasmado en el artículo 18 de la Declaración, fue el gran caballo de batalla de la Reforma. Su más antigua y pública expresión en aquella época se encuentra en las palabras de Martín Lutero en la Dieta de Worms de 1521. Conminado a retractarse de sus opiniones, el reformador alemán exclamó: “Mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. Ni quiero ni puedo retractarme. Que Dios me ayude”. Esta valiente posición contribuirá a abrir un nuevo capítulo en la Historia. Con el tiempo, el derecho a la libertad de conciencia dio origen a todos los demás derechos que hoy consideramos inalienables.
En este 70 aniversario, es, por tanto, bueno recordar de dónde vienen estos Derechos contenidos en esta preciosa Declaración. La necesaria defensa y vindicación actual de los Derechos plasmados en este Documento, y que recoge también la Constitución Española del 78, es también un reconocimiento a todos los que, desde la Reforma hasta nuestros días, lucharon por los mismos, dejándonos así una inestimable herencia: un semillero de libertades de las que podemos disfrutar hoy. En nuestro convulso mundo actual, es necesario llamar la atención a un Documento como este, ya que los Derechos que señala, están lejos de estar asegurados para todos, y en todo momento y ocasión. Somos llamados a estar a la altura de todos los que nos han precedido en instar al restablecimiento de los Derechos Universales de todo ser humano creado a la imagen y semejanza de Dios.
José Moreno Berrocal
viernes, 30 de noviembre de 2018
400 ANIVERSARIO DE LOS CÁNONES DE DORT
Hace ahora justamente 400 años, aparentemente un 13 de noviembre de 1618, comenzaban en la ciudad holandesa de Dordrecht, una serie de reuniones de carácter teológico que concluyeron el 9 de mayo de 1619 con la promulgación de los llamados Cánones de Dort. Los participantes provenían de distintos lugares de Europa. Representaban a muchas de las iglesias que habían abrazado la Reforma Protestante del siglo XVI. Eran miembros de iglesias reformadas de Holanda, Suiza, Alemania e Inglaterra. La delegación francesa no pudo asistir, al no recibir la autorización de su Rey, Luis XIII. Pero, posteriormente, recibieron las conclusiones de este evento como si fueran propias, mostrando así su completo acuerdo con las mismas. Es interesante notar que estas reuniones tuvieron lugar, justamente 100 años después del comienzo de la Reforma Protestante del siglo XVI. Los Cánones de Dort demuestran el gran vigor de la teología protestante ya que constituyen un gran desarrollo doctrinal de las enseñanzas bíblicas redescubiertas en la Reforma.
La importancia de no dejar pasar por alto un aniversario como este radica en la pertinencia actual de algunos de los temas que se trataron en aquellas reuniones (fueron un total de 154 sesiones)cristalizadas como ya queda indicado, en los llamados Cánones de Dort. En esencia, lo que encontramos en los mismos es una exposición magistral acerca de la enseñanza bíblica sobre la gracia de Dios. En concreto, se puede afirmar que los Canones de Dort nos instruyen sobre la centralidad de la gracia de Dios en Cristo para la salvación de la iglesia. En un sentido, esto no puede sorprendernos. La Reforma del siglo XVI, como heredera del pensamiento de Agustín de Hipona, puso de relieve que la salvación es un regalo inmerecido de Dios. Pero, las conclusiones a las que se llegó en Dordrecht nos muestran cinco aspectos singulares en los que brilla con luz propia la gloria de la gracia de Dios en Cristo. Estos son los siguientes: la necesidad de la gracia, el origen de la gracia, la base de la gracia, la eficacia de la gracia y la perpetuidad de la gracia.
En primer lugar, la necesidad de la gracia. La Escritura enseña, sin ningún género de dudas, que el hombre está muerto en delitos y pecados, sin Dios y sin esperanza en este mundo, Efesios 2.1,12. El ser humano caído no puede hacer nada para salvarse, necesita la imprescindible gracia de Dios en Cristo. Es más, para mostrar que esa gracia de Dios no depende de nada en nosotros que pudiéramos hacer para salvarnos, (¿qué puede hacer aquel que está muerto, espiritualmente hablando, para vivir?) se nos revela en estos mismo pasajes de Efesios, el origen de esa gracia de Dios. Esta nos fue dada “antes de la fundación del mundo”, Efesios 1.4, no porque Dios previera que íbamos a creer, sino precisamente para que pudiéramos creer. La base de esa gracia se encuentra exclusivamente en la Persona y Obra de Cristo Jesús por su iglesia, como Pablo dice al final de la Epístola: “ … así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”, Efesios 5.25-27. Asimismo, Dort se hace eco también de la obra del Espíritu de Dios en la salvación de la iglesia. Esta consiste en ese nuevo nacimiento al que se refiere el Señor Jesús en el evangelio de Juan, en el capítulo 3.5-8. Vemos la eficacia de la gracia en la obra del Espíritu Santo que, en palabras de los cánones, consiste en: “aquella renovación, nueva creación, resurrección de muertos y vivificación, de que tan excelentemente se habla en las Sagradas Escrituras...”. La gracia de Dios nunca dejará de llevar a cabo su propósito, por lo cual, sabemos que los escogidos de Dios perseveraran hasta el fin. Nunca faltará el favor de Dios sobre su iglesia. Como enseña Pablo, escribiendo a los filipenses: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, Filipenses 1.6.
Al mostrarnos las riquezas de la gracia de Dios (Efesios 1.7; 2.7) vemos, la inusual pertinencia de los llamados Cánones de Dort para nuestra vida cristiana. Y es que no hay consuelo mayor para la iglesia que saber y experimentar que dependemos exclusivamente de la gracia de Dios en Cristo para nuestra salvación. Y que esta gracia es perpetua para la iglesia que el Padre escogió, Cristo redimió y donde mora para siempre el Espíritu de Dios.
José Moreno Berrocal
La importancia de no dejar pasar por alto un aniversario como este radica en la pertinencia actual de algunos de los temas que se trataron en aquellas reuniones (fueron un total de 154 sesiones)cristalizadas como ya queda indicado, en los llamados Cánones de Dort. En esencia, lo que encontramos en los mismos es una exposición magistral acerca de la enseñanza bíblica sobre la gracia de Dios. En concreto, se puede afirmar que los Canones de Dort nos instruyen sobre la centralidad de la gracia de Dios en Cristo para la salvación de la iglesia. En un sentido, esto no puede sorprendernos. La Reforma del siglo XVI, como heredera del pensamiento de Agustín de Hipona, puso de relieve que la salvación es un regalo inmerecido de Dios. Pero, las conclusiones a las que se llegó en Dordrecht nos muestran cinco aspectos singulares en los que brilla con luz propia la gloria de la gracia de Dios en Cristo. Estos son los siguientes: la necesidad de la gracia, el origen de la gracia, la base de la gracia, la eficacia de la gracia y la perpetuidad de la gracia.
En primer lugar, la necesidad de la gracia. La Escritura enseña, sin ningún género de dudas, que el hombre está muerto en delitos y pecados, sin Dios y sin esperanza en este mundo, Efesios 2.1,12. El ser humano caído no puede hacer nada para salvarse, necesita la imprescindible gracia de Dios en Cristo. Es más, para mostrar que esa gracia de Dios no depende de nada en nosotros que pudiéramos hacer para salvarnos, (¿qué puede hacer aquel que está muerto, espiritualmente hablando, para vivir?) se nos revela en estos mismo pasajes de Efesios, el origen de esa gracia de Dios. Esta nos fue dada “antes de la fundación del mundo”, Efesios 1.4, no porque Dios previera que íbamos a creer, sino precisamente para que pudiéramos creer. La base de esa gracia se encuentra exclusivamente en la Persona y Obra de Cristo Jesús por su iglesia, como Pablo dice al final de la Epístola: “ … así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”, Efesios 5.25-27. Asimismo, Dort se hace eco también de la obra del Espíritu de Dios en la salvación de la iglesia. Esta consiste en ese nuevo nacimiento al que se refiere el Señor Jesús en el evangelio de Juan, en el capítulo 3.5-8. Vemos la eficacia de la gracia en la obra del Espíritu Santo que, en palabras de los cánones, consiste en: “aquella renovación, nueva creación, resurrección de muertos y vivificación, de que tan excelentemente se habla en las Sagradas Escrituras...”. La gracia de Dios nunca dejará de llevar a cabo su propósito, por lo cual, sabemos que los escogidos de Dios perseveraran hasta el fin. Nunca faltará el favor de Dios sobre su iglesia. Como enseña Pablo, escribiendo a los filipenses: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, Filipenses 1.6.
Al mostrarnos las riquezas de la gracia de Dios (Efesios 1.7; 2.7) vemos, la inusual pertinencia de los llamados Cánones de Dort para nuestra vida cristiana. Y es que no hay consuelo mayor para la iglesia que saber y experimentar que dependemos exclusivamente de la gracia de Dios en Cristo para nuestra salvación. Y que esta gracia es perpetua para la iglesia que el Padre escogió, Cristo redimió y donde mora para siempre el Espíritu de Dios.
José Moreno Berrocal
jueves, 29 de noviembre de 2018
LAS CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA REFORMA DEL SIGLO XVI
Me hace mucha ilusión compartir con todos los seguidores de mi blog esta última obra sobre las consecuencias sociales de la Reforma Protestante del siglo XVI. Este es un tema que merece nuestra reflexión, pues muchos de los avances sociales de los que disfrutamos en nuestros días, en concreto, en Europa, se deben, en parte, a la aplicación práctica de las doctrinas bíblicas que fueron redescubiertas durante la Reforma. Espero que lo disfrutéis y, si así lo estimáis conveniente, me hagáis llevar vuestros comentarios. Os dejo el enlace dónde podéis adquirir el libro:
La influencia de la Reforma en el trabajo y la protección social
La influencia de la Reforma en el trabajo y la protección social
lunes, 5 de noviembre de 2018
INOLVIDABLE FRANCISCO DE ENZINAS
En estas fechas se cumplen quinientos años del nacimiento en Burgos del reformador español Francisco de Enzinas. Creo que es de justicia recordarlo. De por sí, objetivamente hablando, es una figura muy valiosa de la Reforma Española y esto, por muchas razones. Pero, en mi caso, quisiera compartir mi impresiones después de leer al completo sus Memorias, durante este pasado verano, en la muy cuidada edición publicada por la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Agradezco muy sinceramente a todos mis buenos amigos de Burgos y Valladolid, y del Consejo Evangélico de Castilla y León, este espléndido regalo. Felicitaciones también a Francisco Socas, el traductor de la obra, y a todos los que han hecho posible que tengamos en nuestras manos un documento de tanto valor, en particular a Miguel Ángel Vieira gran promotor de la figura y obra de Enzinas.
Las llamadas Memorias de Enzinas, o, más bien, como reza el título de la publicación: Informe sobre la situación en Flandes y la religión en España, constituye un magnífico retrato del impacto de la Reforma Protestante del siglo XVI en Europa. Enzinas terminó de redactarlas en julio de 1545. Escritas con una prosa sencilla, ágil y atractiva, relata acontecimientos significativos de su carrera como reformador. De hecho, cubren un período corto, pero intenso, desde principios de 1543, a los primeros días de febrero de 1545. La obra se estructura en torno al deseo de Enzinas de presentar su traducción del Nuevo Testamento al Emperador Carlos V. En este sentido, recuerdo con mucho cariño que cuando el año pasado estuvimos en Wittenberg, mi esposa Virtudes y yo, queríamos también visitar la casa de Felipe Melanchthon. Entre otras consideraciones, porque nos hacía mucha ilusión estar en el lugar donde nuestro compatriota Enzinas estuvo alojado, y donde tradujo el Nuevo Testamento al castellano su Nuevo Testamento de Nuestro Redemptor y Salvador Jesu Christo. No salimos defraudados del lugar y nos gustó tanto como la visita a la casa de Martín Lutero y Catalina Von Bora, hoy Museo de la Reforma. Y es que debemos reconocer al gran helenista castellano como uno de los que pusieron las bases para la Biblia conocida como Reina-Valera. Es por medio de otro de nuestros reformadores, el montillano Juan Pérez de Pineda, que el Nuevo Testamento de Enzinas llega a formar parte de la Reina-Valera, en concreto en los últimos libros del Nuevo Testamento. Es igualmente conmovedor leer en las Memorias su deseo de poner la Biblia en manos del pueblo español, para que así este, como las demás naciones, pudiera beneficiarse de la exposición a la pura Palabra de Dios. En el prólogo a su Nuevo Testamento, que es una carta dirigida al Emperador, Carlos V, Enzinas busca que sea el mismo el que se ponga del lado de una empresa como esta, sencillamente por el bien espiritual que hará:
“Por que allende de ser la causa justísima y santísima, es sin ninguna duda muy digna del Trono Real de V.M., digna de su conocimiento, digan de su juicio, digna de su aprobación y digna de su defensión. Y pues se que los corazones de los buenos príncipes son regidos por Dios, como lo afirma Salomón, espero en Dios que V. M. tendrá por bueno este mi trabajo, y que con su autoridad le defenderá y amparará, y querrá que lo bueno sea siempre de todo el mundo favorecido, y en tanto más favorecido, en cuanto al bien que de ello se espera en al República no son riquezas ni honras, ni bienes temporales, sino provecho espiritual y honra de Jesucristo: el cual prospera a vuestra majestad en esta jornada y empresa que entre manos tiene, y en todas las demás. Y después de luengos reinos en la tierra, le haga consigo reinar en el cielo. Amen”.
Esto es también lo que hará Enzinas en la misma presencia del Emperador en la célebre entrevista que tuvo con él, y que recoge ampliamente sus Memorias. El burgalés recoge los preparativos de la audiencia con el Emperador, sus impresiones del mismo y, las terribles consecuencias que tuvo su acción. No solo no se autorizó la publicación, sino que Enzinas acabó en la prisión de Vrunte o de l´Amigo en Bruselas. Su estancia en la cárcel es también objeto de su descripción: su estado de ánimo en la misma, las personas que allí conoció y las conversaciones que sostuvieron. También se nos cuenta, con todo lujo de detalles, el gran impacto que la fe reformada estaba teniendo en Flandes y en España. Se hace eco de la cruel persecución desatada contra los creyentes reformados, de sus múltiples padecimientos, y de la muerte como víctimas inocentes de muchos de ellos. Aparecen también notables descripciones de los juicios contra los acusados de herejía y de los Autos de Fe. Esta es otra de la señas de identidad de nuestra reforma: el inmenso número de mártires españoles que hubo. La crónica de las artimañas de los enemigos de la Reforma me recuerdan mucho el relato de Artes de la Santa Inquisición Española de Reinaldo González Montes.
Destacaría, igualmente, las semblanzas que hace Enzinas de diversas mujeres como Catherine Sclerckx, Catherine Metsys y Antoinette Roesmals, resaltando su inteligencia y valentía. Traza también perfiles de hombres como Francisco de San Román, los Valdés, Juan de Vergara, el tío de Enzinas, Pedro de Lerma, abad de Alcalá, el mártir llamado Egidio, Justo van Ousberghen, Pedro Alejandro, los jueces de Lovaina y Pedro de Soto, el confesor de Emperador, entre otros. Enzinas hace desfilar delante nuestro preciosos esbozos de amigos y enemigos de la Reforma. Estos circulan por las Memorias y, en marcado contraste los unos con los otros. Nuestro autor busca involucrar a sus lectores en su relato, para que juzguen por sí mismos, al observar la fe y hechos de cada uno. Contienen también las Memorias preciosos sumarios de la confesión de fe de los reformados, que se cristalizan en dos grandes afirmaciones: “Qué todas las cosas necesarias para la salvación se contienen en el Evangelio y no hay que creer sino lo que está en los Evangelios y la Sagrada Escritura” es decir, Sola Scriptura y “Si alguno se reconoce pecador, hijo de la ira y merecedor de la muerte, y reconoce que está sometido a Dios, detesta sus pecados y cree firmemente en las promesas de Cristo, ese tal puede saber, con la certidumbre absoluta de la que que se salvará”, es decir Sola Fide. Las Memorias concluyen con la milagrosa liberación de Enzinas de la cárcel que recuerda a la de Pedro de la cárcel de Jerusalén y que nos relata Lucas en el capítulo 13 del libro de los Hechos de los Apóstoles.
Estamos, pues, ante un documento excepcional de nuestra Reforma Española. Un libro para ser leído y releído. Una página imborrable de una época gloriosa, en la que se recuperó el evangelio de nuestro Señor Jesucristo para todas las naciones. Una tarea en la que estuvieron envueltos muchos españoles como el inolvidable Francisco de Enzinas.
martes, 30 de octubre de 2018
JUAN CALDERÓN ESPADERO EN TVE
La figura del manchego Juan Calderón Espadero sigue generando interés. En esta ocasión, en el programa de Buenas Noticias TV que emite la 2 de TVE. Siguiendo un muy cuidado guión, contiene entrevistas muy interesantes sobre la vida e intereses de Calderón, así como un reportaje visual de mucha calidad, rodado en el Museo del Hidalgo de Alcázar de San Juan, así como en la ciudad misma y en Villafranca de los Caballeros.
http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/buenas-noticias-tv/buenas-noticias-tv-juan-calderon/4814648/?media=tve
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